Miércoles :: 19/06/2013


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Jadines Kobo-en. Fuente: devianart

Jadines Kobo-en. Fuente: devianart

El castillo Blanco de Himeji

Las leyendas de Himeji

La historia que rodea a la principal muestra arquitectónica medieval de Japón es una mezcla de coincidencias, milagros y leyendas que nos hace plantearnos si realmente existe eso a lo que algunos llaman destino. Sobrevivir a todo el periodo bélico japonés, a la exterminación de un clan entero durante el periodo Edo, a un conato de derribo, y por último, a un incendio durante la Segunda Guerra Mundial; es tener, realmente, muchísima suerte.

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En cada piso de este castillo podemos encontrar una historia; una leyenda que nos hace disfrutar y comprender un poco más la etapa que representa: la de los sacrificados y serviciales samuráis, que tanto han marcado el carácter de la población japonesa, con su sistema de valores basado en el respeto, el sacrificio y la resignación.

Preparad vuestras zapatillas de deporte, porque empezaremos por el último y quinto piso del castillo. Aquí se homenajea su diosa protectora, Osakabe- myōjin; quien (si creemos en estas cosas), le salvó de ser derribado durante la Segunda Guerra Mundial; siendo soportado, por el contrario, por el sistema de finanzas japonés; y de la fallida explosión de varias bombas incendiarias que cayeron en la torre principal (tenshukaku) durante la Guerra del Pacífico.  Si continuamos con el paseo por este piso nos encontraremos con la leyenda de Miyamoto Musashi; a quien se le apareció la imagen de una princesa regalándole una katana (espada, perdón otra vez).

Eso sí, para los que les agobien las alturas, no hace falta ir tan lejos. En el Nishi-no-maru, al oeste del castillo, se encuentran los antiguos alojamientos de las damas y cortesanas, lugar famoso por contener restos de los materiales cosméticos utilizados durante el periodo medieval. Y es que, durante esta etapa, las estancias de las mujeres estaban separadas de los hombres, y se seguía una férrea costumbre basada en la poesía para que los hombres pudieran conocer a las mujeres, aunque solo bajo la condición de dedicar ese encuentro exclusivamente al placer sexual. Este tipo de poesía es la llamada waka.

Más allá, el castillo se encuentra rodeado por los nueve jardines que ya hemos mencionado, antiguas dependencias de los samuráis, llamados Kobo-en; cada uno de los cuales está diseñado siguiendo un estilo diferente de los comunes en la época medieval: estanques con cascadas donde refrescarnos del calor, jardines de té donde descansar del camino andado, un bosque de bambú o un jardín de flores son algunos de los ejemplos.

Más allá, nos encontramos con una de las leyendas más famosas del castillo, ubicada en un pequeño pozo bautizado como “El pozo de Okiku”; Okiku era una sirvienta enamorada de su señor que un día descubrió un plan que se organizaba a sus espaldas para asesinarle. Evidentemente, Okiku le avisó y éste consiguió salvarse. El problema vino cuando el principal artífice del plan asesino robó una joya de la corte; el amo pensó que la culpa era de Okiku, la torturó hasta la muerte, y la arrojó al pozo. ¿Alguien más acaba de revivir los fotogramas de The Ring en su cabeza?

Más vale que paremos un momento, ver tantas cosas en tan poco tiempo puede dejarnos un poco saturados, y esta construcción hay que saber disfrutarla con paciencia.

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